«Mi bebé me pedía comida y por dos días lo único que le pude dar es un ‘no hay’»

Padre retornado de Estados Unidos cuenta su pesadilla:
 — «Me dijeron que si llevaba mi hija pasaba fácil, pero es mentira, está difícil, no pasa nadie», advierte Elvin Mejía Valle, originario de Copán Ruinas.
— «Lo más duro que me tocó vivir es cuando mi hijo me decía que quería volver a su casa porque tenía mucha hambre”, relata Emily Paguada, de Patuca (Olancho).
— “Tenía la esperanza de que al irme con mi hijo para Estados Unidos me dejarían pasar, porque así me lo habían contado, pero no fue así», señala Paguada.
*San Pedro Sula, 1 de agosto.* «Mi bebé me pedía comida y por dos días lo único que le pude dar es un ‘no hay’», relató Elvin Mejía Valle, de 30 años de edad, originario de Copán Ruinas (Copán), uno de los 31 hondureños (entre adultos y niños) que recientemente regresaron al país con los sueños destrozados luego de migrar irregularmente con la esperanza de que sus bebés serían el pase para entrar a Estados Unidos.
El copaneco, que cargaba únicamente su ropa y su bebé de dos años de edad, expresó que en esta ruta migratoria se aguanta mucha hambre, no se prueba bocado hasta por dos días seguidos y se tiene que viajar en camiones, uno sobre otro, sin poder moverse y con un calor infernal, hasta por 13 horas consecutivas.
«A mí me dijeron que si llevaba mi hija pasaba fácil, pero es mentira, está difícil, no pasa nadie», advirtió el hondureño en la sala de espera del Centro de Atención al Migrante Retornado Belén, ubicado en San Pedro Sula, donde poco después de ser retornado de Estados Unidos contó la pesadilla que le tocó vivir en el trayecto hacia ese país.
 *Lo más duro*
Mejía Valle subrayó que lo más duro que le tocó sufrir es que su bebé le pedía comida y “por dos días lo único que le pude dar es un ‘no hay’”.
“Eso no se lo deseo a nadie, ni a mi peor enemigo», enfatizó mientras tenía a su hija en brazos y con ojos de arrepentimiento contaba todo lo ocurrido.
«Cuando uno cae en manos de las autoridades del norte, no le dicen nada; cuando menos acuerda lo montan en un avión y ya está en su país. Este es un camino horrible porque los niños sufren demasiado», advirtió Mejía Valle.
Elvin dijo que «yo les comunico a los compatriotas que están pensando en irse del país con un niño en brazos, como yo: no lo hagan, no se vayan. Los bebés sufren por el frío y nadie da ropa, con la  ropita que andan se están hasta 10 días».
 *Honduras es el mejor país*
El compatriota, mientras recibía su alimentación, ropa limpia y ayuda médica, sicológica y económica en el centro Belén, reflexionó: «Ahora que salí del país por esta vía y me ha tocado retornar de esta manera, me doy cuenta de que Honduras es el mejor país del mundo”.
“Las autoridades me han tratado bien, con respeto y me han dado lo que les he pedido. No tengo queja alguna», indicó.
«Ahora que ya estamos aquí esperamos optar a algún programa presidencial de ayuda para que nos eche la mano», añadió con cara de optimismo y con la fe de que este será un nuevo comienzo para su vida y su familia.
*Otra dura experiencia*
Emily Paguada, de 23 años y procedente de Patuca (Olancho), salió con su hijo Josué Rodríguez (4) hacia Estados Unidos  y relató que también vivió la dura experiencia que enfrenta una madre al emprender este camino con un menor de edad.
«En mi caso, este viaje inició el 11 de julio. Fue cuando decidimos salir del país y estuvimos dos semanas en esta ruta migratoria a Estados Unidos y, la verdad, fue muy difícil porque desde que inicia se aguanta hambre y sueño por veces, hasta cuatro días seguidos», comentó Paguada.
«Yo llegué hasta el río frontera entre México y Estados Unidos. Luego de eso Migración nos detuvo y allí estuvimos cinco días con la esperanza siempre de que nos iban a llevar a Texas, el estado adonde íbamos nosotros, pero no. De repente nos sacaron y nos reunieron a todos, luego a un bus y finalmente en un avión donde dijeron que veníamos para Honduras», añadió la compatriota.
Irse con un niño no asegura nada
Paguada puntualizó que irse con un niño no asegura nada: «Yo tenía la esperanza de que al irme con mi hijo para Estados Unidos me dejarían pasar, porque así me lo habían contado, pero no fue así»
«Lo más duro que me tocó vivir es cuando mi hijo me decía que quería volver a su casa porque tenía mucha hambre. Las autoridades hondureñas se han portado muy bien en este centro. La verdad, no me quejo, nos han hecho sentir muy bien», concluyó la madre retornada.
 *Importante*
— Hasta el 25 de julio, un total de 30.909 hondureños fueron deportados desde México, Estados Unidos y Centroamérica.
— Esta cifra representa un aumento de 20,5 %, en relación al mismo periodo de 2020, cuando el número de deportados fue de 25.639 hondureños.
— Según cifras del Observatorio Consular y Migratorio de Honduras (Conmigho), en enero se registraron 2.903 deportaciones; en febrero 4.125, en marzo 6.112, en abril se reportaron 4.669, en mayo 5.645 en junio sumaron 4.511 y hasta el 25 de julio un total de 25. 2.944 deportados.
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